En realidad, vaya dos putos días de curro que llevo (bueno, el colega D. y yo). Llevo dos santos días que no paro de hacer maquetas a diestro y siniestro, del derecho y del reves, de cine, de música, de teatro, de comer, de todas las secciones habidas y por haber en esta santa revista llamada La Luna de Metrópoli (ya saben, los viernes en su kiosko comprando El Mundo o, si se camelan bien al kioskero, sin este trámite del periódico), que son bastantes.
Además, hoy he tenido unas tres horas de puro y auténtico estado frenético. De aquí para allá, recogiendo portadas, corrigiendo cosas, llamando al taller, intentando arreglar un documento en el mismísimo ordenador del jefe (con el riesgo que eso conlleva), tratando fotos, reorganizando maquetas, pidiendo más portadas, dando demasiados paseos entre el taller y mi sitio. Ha llegado un momento en el que de verdad que he estado a punto de coger y largarme a tomar el fresco un rato, porque de veras que no podía más de cansancio y saturación, mental y física.
Resumiendo podría decir que he acabado hasta la puta polla de este día. Además, acabo de mirar que son las 22.30, tengo la sensación de que sea de madrugada y no me lo puedo creer. Pero bueno. Ya me queda poco y mañana será otro día, más tranquilo y sosegado. Eso o me rajo las venas con el cutter del jefe.